Aprende a poner límites sin hacer de ello un psicodrama

Podemos visualizar nuestros límites como un cordón grueso y reubicable: con él marcamos el lugar por donde no cruzar. En algunos aspectos jamás cambiaremos su ordenación, pero en otros desplazaremos la linde según las circunstancias y nuestra sensibilidad, y su demarcación nos servirá siempre como cordón de seguridad frente a daños graves.

Tendremos que marcar muchas líneas rojas a lo largo de la vida, mientras aprendemos a cuidar de nuestro propio bienestar, y ello exige cierta autodisciplina: aprender a mantenernos en el «no» cuando sea necesario es toda una declaración de intenciones de respeto y afecto hacia uno mismo.

Los límites, implantados con convencimiento pero sin aspavientos, se irán integrando en nuestra vida compartida de forma natural. Cuando digamos «sí» todos sabrán que no lo hacemos por convención ni por miedo a las reacciones ajenas, sino con auténtica convicción. Ser coherente con la propia identidad, escoger no vivir en base a lo que los demás esperan que seamos, significa reconocer el valor de las propias razones y saber apartarnos a tiempo de lo que nos hace ser infelices, ya sean relaciones o situaciones.

Si practicamos el arte de señalar y respetar los límites comprobaremos que tampoco nos resulta cómodo manejar a otros. Respetándonos aprenderemos a valorar cada vez más la libertad de los demás. Probablemente todos, en algún momento de la vida, hemos montado un psicodrama con tal de obligar a cumplir nuestras condiciones: ya sea con la pareja, con un amigo o con algún miembro de la familia, hemos manipulado la situación para forzar a los otros a ser o hacer algo que no deseaban. Es una honorable opción de vida elegir dejar de hacerlo y de consentirlo.

Durante los primeros tiempos es fácil que nuestro cambio extrañe u ofenda a quien espere de nosotros la vieja versión, pero los que se queden aprenderán, y nosotros mismos con ellos, que en el nuevo orden la libertad compartida es una ventaja para todos. Paso a paso ganaremos confianza, porque habremos dejado de depender tanto de lo que otros opinen, y nos enfocaremos en nuestras propias metas con más energía.

«Ayer era inteligente, por lo que quería cambiar el mundo. Hoy soy sabio, por lo que me quiero cambiar a mí mismo»

Rumi

admin

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