Resulta esencial que aprendamos a construir y preservar relaciones sentimentales saludables, pero tan importante como esto lo es también saber cuándo y cómo soltar nuestro vagón si la máquina de tren fuera la equivocada.
Nuestra pareja debe ser aquella persona a la que podamos siempre pedir y ofrecer ayuda, con la que explorar en libertad y confianza el mundo que hayamos co-creado, el ser humano al lado de quien podamos aprender más de nosotros mismos. Si nos sintiéramos habitualmente confusos, heridos, traicionados y faltos de ilusión deberíamos comenzar por reflexionar si verdaderamente escogimos la compañía adecuada para algo tan delicado como la intimidad de la vida diaria y el ambicioso proyecto que es una relación estable entre dos.
Tanto si somos nosotros mismos quienes decidimos romper como si fuimos los abandonados se hace necesario en la mayor parte de los casos recurrir a lo que podríamos denominar «Botiquín de urgencia para corazones heridos». La primera medida de asepsia sería revisar cualquier forma de pensamiento que si arrastráramos en el futuro a otras relaciones sería absolutamente nocivo: las creencias auto-limitantes. Que nunca tendremos suerte en el amor. Que siempre nos utilizan. Que no lograremos encontrar quien nos sea fiel. Tantas veces como se nos presenten este tipo de pensamientos negativos, que se replican una y otra vez, tenemos que hacernos conscientes de ellos y desactivarlos.
El tiempo entre relación y relación es sagrado para reconectar con nosotros mismos: recuperar a los amigos a los que nunca debimos dejar de lado, dedicar atención a la salud, reencontrarnos con la familia, alimentar nuestra curiosidad natural estudiando o aprendiendo algo nuevo… Del mismo modo que usar un bálsamo reconforta el cuerpo cansado iremos así sanando el alma. Disfrutar de nuestro tiempo y entregarlo únicamente a lo que de verdad lo merece significa que le otorgamos todo su valor y que nos respetamos de veras. No perderemos valiosos días ni semanas -ni mucho menos meses- lamentando lo que fue y ya no es porque lloraremos una vez y no cien.
Elegiremos enfocar el nuevo futuro con sentido del humor y esperanza. ¿Por qué tiene que irnos mal? ¿Por qué tenemos que prejuzgar y condenar lo que aún está por llegar? Con pareja o sin ella somos igualmente dignos de amor, así que nunca renunciaremos a cuidarnos en todos los aspectos.
Si aprendemos a querernos incondicionalmente a nosotros mismos y nos alcanza en nuestra ruta la persona adecuada nos encontrará con los cabellos despeinados en la apasionada carrera hacia nuestra propia felicidad.

