
Cada día tiene 24 horas. Cada semana 168. Si consideramos esta última cifra como la medida que estime lo productiva que resulte nuestra actividad. Si dedicamos 56 horas (8 horas/7 días) a dormir -¡con suerte, quien pueda!- y 40 al trabajo o los estudios, nos quedan 72 horas semanales para el resto de actividades: familia, pareja, amigos, comer, cuidado personal, deporte…Pongamos que dedicamos 42 horas a todo esto: ¡dispondríamos de 30 horas semanales -más de cuatro al día- para crecer! El reto es hacer algo útil con este gran capital.
Podemos planificar una tarea/objetivo por semana. Cada año nos aporta 52 oportunidades en formato semanal. Hay tiempo para todo, aunque para ello haya que crearse nuevos hábitos. El primero, y más importante para aprovechar nuestro tiempo, es aprender a no postergar. La procrastinación puede provocar que la frustración y la ansiedad se conviertan en nuestro puerto de llegada permanente, así que tendremos que practicar el arte de la automotivación para no justificarnos cuando nos escabullimos de lo que deberíamos estar haciendo.
Resulta útil crearnos un horario a modo de plantilla. En el colegio lo teníamos y respetábamos un margen horario para cada cosa, incluyendo el recreo. No siempre será imprescindible cumplir el planning de forma absolutamente estricta, pero sí lo será respetar cierto ritmo de actividad. Podríamos preparar una lista de pendientes para cada día y otra de tareas a cumplimentar durante la semana. Hay también que tener en cuenta que a lo largo de la jornada surgirán imprevistos, así que cierta flexibilidad será necesaria para afrontarlo sin desbordarse: en ese caso, mejor segmentar las tareas para poder lidiar más tarde con aquellas a las que no lleguemos en el momento.
Para gestionar nuestros horarios del mejor modo es positivo ubicar el momento en que rendimos mejor para aprovechar así nuestra curva de energía: primero afrontaríamos lo más difícil y pesado, haciéndolo coincidir con nuestro estado de energía más activo, y ya luego podríamos dedicarnos a lo más ligero. También tendremos que aprender a priorizar unas tareas sobre otras y ,ya sabiendo cuáles son más urgentes o importantes, darles cumplimiento a estas antes.
Como bien dijo Picasso, «la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando». Evita las distracciones y las excusas para estar en condiciones de escucharlas cuando lleguen.
