CÓMO AYUDAR A SANAR NUESTRO ÁRBOL GENEALÓGICO

En esta vida somos hijos de madre y padre y estos a su vez son hijos de padre y madre; somos nietos, bisnietos, tataranietos… y así se crea con el paso de las generaciones un linaje al modo de eslabones que pertenecen a una misma cadena. Cuando llegamos a adultos en muchos casos formamos nuestra propia familia y perpetuamos un apellido, una genética, unos rasgos. Todos nuestros antepasados perviven en nosotros y forman parte de nuestra información celular y de la memoria histórica recibida. En nuestros párpados aún pesan sin que lo sepamos sus lágrimas, resuenan en el corazón el eco de sus anhelos no cumplidos y repetimos viejos patrones de comportamiento suyos como un resto de identidad. Puesto que de todos y cada uno de ellos llevamos algo podemos celebrar las luces heredadas y perdonar e integrar las sombras no escogidas. En algún momento en nuestra vida todos deberíamos parar a recoger conscientemente los aprendizajes y soltar los rencores porque en nosotros pueden sanar las heridas y el dolor que hemos arrastrado desde la familia de la que procedemos.

Habría que explicar qué se entiende por «TRANSGENERACIONAL»: se refiere a aquello que nos une a las sucesivas generaciones de personas de cuya estirpe formamos parte, a la familia que desde remotas estaciones nos antecede y aproxima a ser quien somos hoy. Explorando nuestro árbol genealógico podemos encontrar respuesta a muchos de los comportamientos y problemas que nos limitan. Del mismo modo que heredamos una cierta predisposición a sufrir determinada enfermedad o recibimos la belleza de unos ojos de un color concreto, o unas piernas fuertes, también recogemos unas memorias inconscientes que nos movilizan para repetir sin saberlo antiguos patrones.

Cuando fallece un familiar y se abre testamento si aceptamos la herencia asumimos también sus cargas y deudas. Del mismo modo, como hijos de hijos que somos, los conflictos y duelos primitivos no resueltos nos traen bloqueos al presente. Es por ello que resulta sanador liberarse de los programas inconscientes ya que nos facilitará hacer de nuestra vida lo que queramos que sea. Cuando revisamos, comprendemos e integramos nuestra historia familiar hallamos las claves precisas para superar lo que ha permanecido secreto, lo que fue olvidado y lo que precisa ser encajado para avanzar libres de cargas.

¿Existe algo más determinante para nosotros que nacer en el seno de una familia concreta? Podemos pronunciar la siguiente fórmula para auxiliarnos en el proceso de restauración de nuestras propias señas de identidad y en la tarea de liberación de los vestigios de herencias no deseadas:

«En esta vida soy ____ (nombre y apellidos) ____, hij@de ____ (nombre y apellidos) ____, hij@ a su vez de ____ (nombre y apellidos) ____, hij@ de su padre y madre, niet@, bisniet@, tataraniet@, y así a lo largo de los años y las generaciones como ramas de un mismo árbol centenario.

Hoy ayudo con mi oración a borrar las malas memorias, a desatar las cadenas que esclavizan, a recomponer lo que está quebrado y aún hiere.

Hoy escojo sanar yo y hacer así justicia a mi linaje, elijo portar con honor mi apellido y hacer justicia a mis antepasados con mis actos. Recibo con amor y orgullo los dones familiares, sus habilidades y talentos, y aprendo a desarrollarlos para el bien de todos.

Hoy pido luz y sabiduría para vivir con sentido y plenitud y libero a mi familia y a mí mism@ de todos los programas limitantes, del miedo y la tristeza.

Me desligo de las memorias de fracaso, de enfermedades físicas y mentales, de los abusos sufridos o ejercidos, de cualquier forma de violencia, del abandono, el desamor y la vergüenza que mis ancestros me dejaron en herencia.

Hoy libero a las personas de mi árbol genealógico y a mí mism@ para que ya no se repitan estos ecos en las generaciones venideras. Que terminen aquí y ahora.»

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