Quien más y quien menos, todos nos hemos preguntado al menos una vez cuál es nuestro propósito de vida. Ikigai es el término japonés con el que se señala la razón de ser de cada cual, nuestro mayor propósito, lo que otorga sentido a nuestra existencia.
Reconocer el propio Ikigai implica cumplir ciertos compromisos con uno mismo:
*Permanece activo y atento a lo que verdaderamente es importante, no practiques la pereza ni el pesimismo como excusas para no hacer lo que debes hacer.
*Atenúa el estrés y la urgencia y adopta un estilo de vida sereno y lúcido.
* Acompáñate de buenas personas.
* Aprende cuanto puedas allí donde estés.
*Agradece.
*Dedica tu tiempo a aquello que te apasiona y hace feliz.
* Trabaja por Ser, no por parecer.
El equilibrio del Ikigai ideal reside en la intersección entre lo que amas hacer, aquello en lo que eres verdaderamente bueno, la labor por la que te pueden pagar y lo que necesita de ti el mundo. En el núcleo de la interacción entre todos estos factores está la mejor versión de ti mismo, tu misión. Viviendo de este modo cumplirás tu vocación y podrás satisfacer necesidades tan básicas como pagar las facturas y vivir holgadamente, serás dueño de tu tiempo y de escoger con quién compartirlo, y te sentirás completo y satisfecho.
El Ikigai nos confirma que es posible a la vez ser coherente con nosotros mismos y resultar útiles para los demás, que podemos cumplir el sueño de vivir de aquello que nos apasiona hacer y cobrar por ello un sueldo digno, que no es una pérdida de tiempo luchar por pasar el tiempo que nos ha tocado en esta tierra dejando una huella y no un agujero.

