HECHIZO DE LA LLAVE Y LOS TRES LAZOS

Una llave es el instrumento que nos facilita el acceso al lugar en el que deseamos entrar y también es el útil que nos permite sellar con seguridad la puerta tras la que protegemos aquello que es nuestro. Una llave es el principio que nos proporciona el conocimiento o la comprensión de algo: cuando encontramos la que resulta apropiada hallamos al fin el modo de desbloquear la mente y de entender. La llave de contacto de un vehículo nos permite activarlo y ponerlo en movimiento. Usamos llaves informáticas a modo de memorias portátiles para trasladar de un dispositivo a otro importantes documentos. Abrimos o cerramos la llave de paso de las tuberías de nuestra casa para cerrar o regular el caudal de agua. Hay llaves maestras que posibilitan el control de todas las cerraduras hermanas, y se dice que conservamos bajo siete llaves la posesión de aquello que más nos importa.

Podemos realizar el Hechizo de la Llave aprovechando su poder simbólico para abrir caminos y resolver bloqueos, es un eficaz amuleto y está al alcance de cualquier persona aprovechar su ayuda. Resultaría ideal que empleáramos para este ejercicio mágico alguna pieza antigua, heredada o regalada, o incluso encontrada por azar, pero de no ser así encontraremos igualmente conveniente alguna otra que nos agrade. En mercadillos y rastrillos suele existir puestos en los que entre los múltiples cachivaches se muestran grupos de ellas, grandes y medianas, pertenecientes antaño a viejos portones, garajes o portales… podemos hacernos entonces con una o dos y atesorarlas a modo de reserva mágica. Un excelente hábito esotérico es guardar en un cajón un llavero con todas las llaves que vayamos reuniendo porque nos resultará útil como clave de protección y poder personal.

Para este ritual sólo necesitamos una llave y tres lazos: uno rojo, el segundo amarillo y el otro verde. Con unos veinte centímetros de cinta de cada color tendremos suficiente. Lo ataremos a la cabeza de la llave y en cada nudo haremos la petición correspondiente: para el rojo amor, para el amarillo abundancia y fortuna y para el verde salud y protección. No es casual que se diga que cuando alguien te ama te hace entrega de la llave de su corazón, y también es evidente que sólo aquellos en quienes más confiamos podrán tener una copia del llavero de acceso a nuestra casa.

Con el uso consciente de la llave como instrumento de poder obtenemos seguridad y ponemos demarcación a lo que más necesitamos proteger, y nos garantizamos el acceso a cuanto nos importa: buen entendimiento y armonía con nuestros seres queridos, comunicación fluida y empatía, trabajo y necesidades materiales cubiertas, y un buen estado de salud para disfrutar de todo ello.

Nuestra llave mágica nos dará auxilio en el camino de la vida para remover obstáculos y resolver problemas. Lo situaremos en algún lugar cerca de la puerta principal de entrada si es un hogar familiar y junto a la puerta de nuestro dormitorio si es un espacio exclusivamente personal y no compartido. Debemos mantenerla limpia de polvo y renovaremos una vez al año los lazos: un buen momento para reactivarla puede ser nuestro cumpleaños, año nuevo o el cambio de una estación a otra.

«Soy una pieza de limado acero. Mi borde irregular no es arbitrario. Duermo mi vago acero en un armario que no veo, sujeto a mi llavero. Hay una cerradura que me espera, una sola. Del otro lado está la casa, oculta y verdadera.»

«La moneda de hierro», 1976, Jorge Luis Borges.

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