Las matemáticas son el lenguaje compartido del universo y nos transmiten la idea de que existe una armonía última, un orden completo, una relación lógica en todo cuanto existe y acontece. Cada cifra posee una frecuencia a la que vibra su energía, y si conocemos su sentido podremos anticipar que sucederá una cosa u otra. La numerología de los Ángeles centra su interpretación en la combinación de determinados números y de esto se entiende que derivan mensajes importantes para nosotros.
Es importante observar el modo en que se repiten en nuestro día a día las secuencias que contienen estos números: si aparecen duplicados (por ejemplo 21-12, 13:13h…), triplicados o incluso en formación de cuatro o de dos parejas dobles (5555, 3344…). Pueden aparecer las mismas cifras repetidas varias veces o podrían presentarse combinaciones de números diversas. Este es un primer acercamiento al sentido de cada dígito de forma individual, y desde aquí aprender a leer las combinaciones es cuestión de práctica:
CERO: Es la confirmación de la presencia de la Divinidad, de la Fuente, de la Energía Primera -como quiera que lo llamemos- y de que recibimos su bendición. Si permanecemos puros en nuestros propósitos cruzaremos el umbral a la próxima nueva etapa con la mejor de las disposiciones.
UNO: Es la energía creadora de nuestros propios pensamientos. Su presencia repetida nos previene de que observemos el modo en que producimos nuestras ideas porque alcanzan a materializarse en la vida. Si tomamos lo positivo como punto central en torno al que gravitar lo que llegue resultará ser bueno y nos ayudará a crecer.
DOS: Es la materia, la abundancia que está disponible y preparada para que aquel que está correctamente alineado con ella la reciba y disfrute. La tarea que nos trae este número es que desarrollemos aquellos proyectos que derivan en el Bien Común y esto mismo redundará también en nuestro propio y particular beneficio.
TRES: Los maestros ascendidos, los grandes líderes espirituales a lo largo de la historia -figuras como Buda, Jesucristo- nos marcan el sendero a seguir. El tres es el signo de su proximidad y sirve para que sepamos de su supervisión.
CUATRO: Nos confirma la custodia de nuestros ángeles guardianes, que nos protegen y amparan, y en ellos encontraremos soporte y fortaleza.
CINCO: Es el número del cambio: en el trabajo, en la familia, en nuestra relación sentimental… Si aprovechamos la oportunidad y desechamos los temores nos conduciremos con éxito a través de las dificultades y la incertidumbre.
SEIS: Es un número de karma. Las personas que tienen el seis como Clave de Nacimiento (hablé de esto en mi artículo acerca de cómo pueden los números predecir el futuro) arrastran penosas lecciones, a menudo de herencia familiar, a superar. El seis no recibe nada gratis y todo le supone esfuerzo y arduo aprendizaje. Hay sin embargo que tener también presente que este número puede transmutar en nueve, y entonces se comprenderá que las propias pruebas superadas y los dolores soportados nos asisten para apoyar a otros en la superación de sus límites.
SIETE: ¡El número mágico por excelencia! Proveedor de sueños cumplidos, materializador de mundos. Su influjo nos confirma que estamos conectados con la energía positiva que hace posible una existencia plena y auto-gestionada con inteligencia.
OCHO: Podemos acceder a la Fuente Infinita y llenar nuestro cántaro de estrellas tantas veces como necesitemos. Buenas y esperadas noticias están en camino: sabemos que estamos cumpliendo nuestro propósito si nuestro beneficio contribuye también a hacer mejor el mundo. El ocho es la representación gráfica y matemática del infinito, pero posicionado en pie en lugar de tumbado: como una figura que apunta al cielo y multiplica los resultados de nuestros mejores propósitos.
NUEVE: Podemos completar este ciclo y avanzar de vida en vida en la Rueda de las Reencarnaciones. Nuestra tarea es permanecer al servicio de los demás, de la Naturaleza de la que formamos parte, y abandonar las ambiciones más egoístas nos ayudará a reconocer las señales que indican que formamos parte de algo mucho mayor que cada uno de nosotros mismos.

