¿Qué prima en nuestras vidas, destino o voluntad?

«Somos arquitectos de nuestros propios destinos» Albert Einstein.

«Incluso la gente que afirma que no podemos hacer nada para demostrar nuestro destino, mira antes de cruzar la calle» Stephen Hawking

En el pensamiento hinduista hay cuatro preceptos que pueden convertirse en coordenadas de brújula:

1-«La persona que llega es la persona correcta»

Si existe el destino, entonces aquellos que aparecen -y se quedan, aunque sólo sea por un tiempo- son las personas adecuadas para proporcionarnos la medida de nuestros límites y grandezas. Si la voluntad prima sobre el azar somos completamente dueños del rumbo que tomemos, y de nadie sino nosotros depende jugar bien o mal con los naipes que sostengamos en la mano.

2-«Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido»

Si admitimos que el destino es el amo y maestro de nuestra vida, entonces no hay otros universos posibles, cada situación es completa e invariable y no puede darse ninguna otra porque ello trastocaría todo el hilo de la historia que está preparada para nosotros. Visto así encajamos como piezas de un puzzle con quienes nos rodean, pero entonces, ¿dónde quedan la libertad de creación, de elección, de afrontar de un modo u otro nuestro presente y futuro?… ¿Perdemos del todo la responsabilidad sobre nuestros aciertos y errores a manos de un destino rey?

3-«En cualquier momento que comience es el momento correcto»

El destino sujeta, según esto, nuestra mano para escribir los trazos de nuestra biografía. Un nacimiento, una unión, una enfermedad o una muerte marcan el relato que nos entrelaza unos a otros, generación tras generación. Lo que sucede, cuando acontece, es lo correcto y ocurre en el instante perfecto.

4-«Cuando algo termina, termina»

Cuando algo se acaba tanto destino como voluntad pueden confluir para que dejemos ir lo que fue y para que nos despidamos de lo que ya no se repetirá más. Con los pensamientos lo más ordenados que podamos, y las emociones lo menos alborotadas que seamos capaces, soltaremos lo desgastado y abriremos espacios para que pueda llegar algo nuevo. Si aflojamos el puño, como quien sostiene un globo de helio, y decidimos permitir que lo sucedido se aleje, volveremos al camino de la vida entendiendo que cuando algo termina, termina.

«Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la Voluntad» Albert Einstein.

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