El dinero es una herramienta imprescindible en el mundo que habitamos, y bien empleado puede servir a los más nobles y elevados propósitos. Al abonar un servicio, al pagar una compra, o una factura, reconocemos activamente que todo ello posee un valor. De hoy en adelante cuando saldemos una deuda, cuando entreguemos nuestro dinero para comprar algo, para liquidar una letra, paremos a observar que somos abundantes y afortunados al poder hacerlo. Escoger bien a qué dedicar nuestros recursos económicos significa entender que no merece la pena consagrar la vida a ganar dinero, o a acumular propiedades.
Puede llevarnos demasiado tiempo aprender a relacionarnos con el dinero, encontrar el punto de equilibrio exacto entre atención y desapego no resulta sencillo porque hemos aprendido a conceptualizarlo como un problema a resolver. Del mismo modo que a menudo afrontamos el trabajo como algo forzoso, pero nada deseable, rumiamos una sensación desagradable al desprendernos de nuestro efectivo para afrontar los compromisos económicos. A partir de ahora, cada vez que pagues algo, admite que es estupendo poder permitírtelo, cambia el enfoque y aprecia que elegiste ese servicio, y que comprendes en qué mejora tu vida el recibirlo.
Es muy probable que nunca alcances a ser ric@, pero revisa en cuántos aspectos eres ya abundante y prósper@ y celébralo.

Es agradable permitirse disfrutar de lo que nos gusta hacer, y ello a menudo implica una transacción económica. Podemos invocar y reconectar con la energía de la abundancia a través de pequeños rituales como este, que nos ayuda a definir correctamente nuestra relación con el dinero.
Necesitaremos un recipiente de cristal con tapa, tres monedas de curso legal, salvia, romero, canela en rama, miel y lazo o cuerda de color rojo.
Un jueves por la mañana, depositamos en el frasco tres monedas, del mayor valor que tengamos. Lo acompañamos de salvia o romero (emplear ambas es lo ideal), y de varitas de canela, en número impar, para cubrirlo todo finalmente con miel. Cerramos la tapa, y atamos alrededor de ella tres nudos con lazo o cuerda rojos.
En voz alta, pronunciamos después el siguiente decreto:
«Salvia, romero, hierbas sagradas,
otorgadme vuestros poderes para este encantamiento.
Canela, bella del sol,
concédeme tus poderes para este encantamiento.
Miel, tesoro dulce, alimento de dioses,
acompáñame para que brille mi vida con tu luz dorada.
Hoy uno a mí la prosperidad y la abundancia,
yo (nombre), decreto para este día,
y para todos los días de la semana,
la bendición de la abundancia.
El dinero fluye sin problema,
la prosperidad habita conmigo.
Gracias, que así sea.
Así es».
Si en nuestra casa contamos con algún pequeño lugar dedicado a objetos queridos, algo así como un pequeño altar con recuerdos valiosos, allí emplazaremos el tarro de miel.
