Tu cumpleaños es un momento ideal para hacer recuento de sueños y planificar nuevas experiencias. Al soplar las velas de tu tarta, pon toda tu energía para que tu deseo vibre con intensidad y logre convertirse en realidad. Pero antes de dar la bienvenida a lo nuevo, a los anhelos cumplidos, tenemos que soltar lo viejo, lo desgastado, lo que pesa y estorba, para hacer espacio a aquello que sí elegimos.

Lo primero es renovar la energía de la casa, que es una extensión de nosotros mismos: es el lugar donde descansamos, comemos, dormimos, y donde compartimos la vida con nuestros seres queridos. En nuestro hogar es donde más recursos materiales ponemos, para muchos de nosotros resulta la inversión económica más importante que jamás haremos, así que es fundamental que nos sintamos cómodos y protegidos, y que sea un lugar ordenado y feliz. Por supuesto, no es necesario realizar esta parte del ritual el día de nuestro aniversario: podemos adelantarlo, y gozar del cumpleaños sin responsabilidades domésticas.
Comenzaremos nuestro ritual abriendo todas las ventanas de la casa. Luego limpiaremos el suelo, las ventanas y las puertas. Hay que regar las plantas y cuidar de los animales que viven con nosotros, cambiar la ropa de las camas, sacudir las alfombras y retirar todo aquello que llena el espacio sin que lo necesitemos (documentos obsoletos, revistas viejas, prendas inutilizadas…).

El segundo paso supone poner la atención en nosotros mismos. Nos daremos una ducha, permitiendo que el agua caiga sobre la coronilla y sintiendo que se retiran también con ello nuestras tristezas y preocupaciones. Al salir del aseo nos vestiremos con ropas claras y dedicaremos unos minutos a relajarnos y respirar calmadamente. Lo ideal es hacer esto el mismo día de nuestro cumpleaños, concediéndole al hecho de dedicarnos ese momento de calma la importancia que merece. Aunque no tengas la jornada libre, reserva un hueco antes o después de cumplir tus tareas, y reúnete contigo mism@ con ceremonia, calma y placer.
Prenderemos una varilla de incienso y una vela blanca, y prepararemos una ofrenda en agradecimiento por todo lo bueno de lo que ya disfrutamos. Unas flores en un jarrón, una caja de bombones, un frutero lleno de fruta fresca o una planta hermosa… Será un regalo para la casa, para nosotr@s mism@s y para todo el que llegue a visitarnos en ese día y en los posteriores.
El último rato lo dedicaremos a sentarnos en silencio para dedicar un tiempo a diseñar nuestra hoja de ruta futura, escribiendo o dibujando las situaciones a las que deseamos llegar. Haremos un recuento de sueños y proyectos -realistas- a cumplir a corto y medio plazo. Enrollaremos el papel a modo de pergamino y lo ataremos con hilo rojo con siete vueltas y siete nudos. Guardaremos durante un año nuestra lista mágica de anhelos y planes en algún lugar que nos resulte evocador: un joyero, un cajón que reservamos para objetos queridos, una caja antigua heredada de alguien especial… Al cabo de ese tiempo podremos leer nuestro listado para comprobar cuánto se ha cumplido, en qué hemos cambiado y qué pediríamos ahora, repitiendo de nuevo el ritual para la nueva etapa y dando gracias por todo lo vivido.
Este ritual, sencillo pero efectivo, nos acompaña hasta el umbral de la magia y nos invita a cruzarlo desde la vida cotidiana. Nos ayuda a clarificarnos mental y energéticamente y a ordenar nuestros propósitos, y a traspasar el portal de una edad a otra con conciencia y amor.
