¿Te has sentido descargad@, con dolor de cabeza, peso en el pecho o un nudo en el estómago cuando tratas con alguien en concreto?, ¿te angustia el encontrarte con él o ella, y querrías evitarlo, aunque no sepas -o sí- por qué?… Si la respuesta es afirmativa, quizás es una figura negativa, al menos para ti. No se trata tanto de que sea buena o mala persona -suele suceder que no son compañías deseables- como de que el efecto que causa en nosotros es nocivo. Siempre explico que del mismo modo en que nos ensuciamos el pelo, la cara, el cuerpo, y la ropa, también nos manchamos con pensamientos y emociones ajenas, así que si nos lavamos para retirar el polvo, por qué no limpiar también nuestro campo energético de lo que no es nuestro y nos perjudica.
No se trata de que nos volvamos paranoicos y caminemos por la vida embozados en una capa mágica protectora, pero si observamos que alguien no piensa bien de nosotros, ni nos desea el mayor de los éxitos, y experimentamos cierto malestar en su presencia, no está de más despejar las sombras y aprender a protegernos con pequeños rituales.
Para retirar los restos ajenos, la «contaminación psíquica» de los otros sobre nosotros, podemos preparar un zumo de limón y lima (usando frutas en número impar, un limón y dos limas, o tres limones, o sólo una lima…) y lo diluiremos en agua. Antes de salir de la ducha verteremos el zumo sobre nuestra coronilla, dejando que caiga por la cabeza, y teniendo cuidado de que no caiga en los ojos. Nos daremos un último aclarado y una vez secos nos vestiremos con ropas claras. Este recurso nos resultará útil tantas veces como precisemos.

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Para realizar un saco de protección frente a cualquier situación o persona molesta necesitaremos:
Una cuharadita de semillas de anís, otra de especie de clavo, una rama de canela, una cucharadita de pimienta negra y tres hojas de laurel. Opcionalmente podemos incorporar al hechizo una piedra semipreciosa (turmalina negra, ágata, esmeralda u ónice negro serían adecuadas): si lo hiciéramos así, antes de emplearla tendremos que enterrar la piedra en sal durante tres días y tres noches para que quede limpia de las energías de los lugares y personas por los que haya pasado antes de llegar a nosotros. Lo envolveremos todo en un pañuelo blanco y lo ataremos con tres vueltas y tres nudos de cordón o hilo (blanco también), y ya estará listo para nuestro uso personal. Podemos llevarlo encima, en un bolso o dejarlo junto a nuestra cama, o incluso dormir con ello bajo la almohada en épocas de especial vulnerabilildad.
Si preferimos realizar un amuleto que podamos colgar a la vista la cruz de canela es la adecuada: buscaremos dos ramas de esta, una más larga y otra más corta para el transversal de la figura. Los colocaremos una sobre otra a modo de cruz y situaremos en el medio de las dos un clavo de especie. Lo rodearemos con nueve vueltas de cordón rojo, y realizaremos después nueve nudos, dejando cuerda sobrante como para poder colgar el amuleto en algún lugar donde podamos tocarlo cuando necesitemos una dosis extra de protección y fuerza. Para subrayar el poder mágico del ritual nos resultará útil pronunciar tres veces la siguiente fórmula mientras tocamos la cruz:
«Por el magnetismo de la canela
se alejan de nuestro hogar los conflictos (o «de mi hogar», si eres sólo un@ persona)
y se diluyen la preocupación y la tristeza.
Lo negativo transmuta en positivo
y lo positivo trae el bien común.
Quedamos libres de cargas pesadas, (o «quedo libre», si es un hechizo solo para ti)
la mágica canela eleva el espíritu y la energía.
Así lo quiero, así es.
¡Hecho está!».
Por último, una breve oración a recordar y para repetir mentalmente cuando nos sintamos incómodos e inseguros ante cualquier persona o en momentos en los que nos percibamos desprotegidos:
«Me envuelve un escudo de protección.
Estoy a salvo y seren@.
Cualquier vibración que no me ayude se aleja para siempre.
No perteneces aquí.
Te envío lejos.
Gracias».
