«Si estás deprimido, estás viviendo en el pasado. Si estás ansioso, estás viviendo en el futuro. Si estás en paz, estás viviendo en el presente.» Lao Tsé.
Aprender a dejar que la mente se calme no es tarea sencilla pero resulta absolutamente reparador, y se hace imprescindible para construirse una buena vida. Nos enfermamos, física, anímica y psicológicamente, porque nos proyectamos mentalmente con negatividad hacia lo ya sucedido y hacia lo que está por llegar.
Reinterpretamos lo que fue y preveemos lo que será, preocupándonos por cosas que probablemente ni siquiera sucederán. Aceptémoslo: no tenemos el control de todo. No sabemos qué es lo mejor para nadie -ni tan siquiera para nosotros mismos-. Hacer conjeturas no es predecir. Comprender e interiorizar todo esto ya es un gran avance. Cuando vivimos en un estado de preocupación crónica embotamos nuestra cabeza con diversas ideas catastróficas, estresamos el corazón y sentimos un nudo de angustia en el estómago. Lo primero es parar y hacerse consciente del malestar. Los problemas reales se afrontan con coraje y empeño pero de los pensamientos en bucle no se halla salida.
En contra de lo que solemos creer vivir no requiere de excesivos planes. Puedes trazarte una hoja de ruta pero en el camino tendrás que improvisar muchas veces. De hecho aunque todo saliera tal cual lo deseaste eso tampoco te garantiza ser feliz.
Algunas de las cosas que te vayan sucediendo no las entenderás nunca y muchas otras no dependerán de ti. Si aflojas tu necesidad de control y dejas de examinar y juzgar tu mente y tu corazón se relajan y descansan.
Cuida lo que piensas, lo que dices, lo que sientes, y el ruido que te aturde se atenuará. «Rumiamos» cuando nuestros pensamientos y emociones se quedan bloqueados en un círculo claustrofóbico que nos genera malestar y estrés. Cuando quedamos atrapados en patrones mentales obsesivos pasamos de una idea a otra sin hallar solución ni reposo. Lo que interpretamos de lo que sucede no tiene por qué ser lo que acontece de veras. No se trata de pensar o no pensar: lo que importa es el modo en que lo hacemos. Lo más inteligente es tomar contacto con diferentes perspectivas, así tendrán espacio nuevas oportunidades. Lee, busca, aprende, conversa con personas inteligentes, formúlate nuevas preguntas.
¿Acaso nos pondríamos una y otra vez la misma y desagradable canción, de modo que nos acompañara allí donde quiera que fuéramos? ¿Resistiríamos escucharla de lunes a domingo con el volumen al máximo mientras acudimos al trabajo, comemos, nos duchamos o intentamos dormir?. Quebrar el ciclo de los pensamientos que nos hieren requiere que vayamos atenuando su intensidad. Como si bajáramos el volumen del equipo de música. Rememorar de forma recurrente aquellas cosas del pasado que nos hieren o mordernos las uñas temiendo un futuro negro no trae sino emociones desagradables. Allí no hay nada nuevo, no hay creación, sólo miedo y sufrimiento.
Cuanto más practiquemos el permanecer atentos a la aparición del ruido mental antes seremos capaces de recortarlo. Es sencillo: significa escoger vivir en paz. Ser amables con nosotros mismos. Tratarnos con cuidado y amor. En lugar de dejar que se repita el mismo tema día tras día a toda voz se trata de decidirse a cambiar el disco. Elijamos uno que suene bien y que nos motive y caminemos a su son, y luego sigamos nuestra curiosidad natural y probemos a renovar periódicamente la discografía. Que sean temas que agraden, que hagan sentirse capaz, canciones que compartiríamos con aquellos a quienes más amemos. Dejémosles en legado una maravillosa colección de pensamientos fuertes y creativos, de gestos hermosos y valientes, y no de discos rotos y desafinados.

