Ho’oponopono es una práctica de origen hawaiano orientada a la reconciliación, el perdón y la limpieza de las memorias antiguas, propias y heredadas, que pueden estar influyendo en nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Existen muchas maneras de practicarlo. Algunas personas repiten las palabras tradicionales a lo largo del día; otras las incorporan a la meditación, la escritura o la oración.
Hoy quiero compartir contigo un ritual sencillo que se realiza con una vela durante siete noches consecutivas. Se trata de una práctica pausada, íntima y profundamente simbólica que nos ayuda a enfocar nuestra intención y a sostener durante una semana un mismo proceso de limpieza interior.
Materiales necesarios
- Una vela de soja o de cera de abeja.
- Un vaso de cristal con agua limpia.
- Cerillas.
Según las enseñanzas transmitidas por Mornah Nalamaku Simeona (1913-1992), muchas personas prefieren evitar las velas de parafina en este tipo de trabajos porque consideran que los materiales naturales conservan una energía más pura y sencilla.
Mornah fue una sanadora hawaiana reconocida por adaptar y difundir Ho’oponopono para su práctica individual en el mundo moderno. Mientras que la forma tradicional de Ho’oponopono se realizaba en familia o en grupo, desarrolló un método orientado al trabajo interior de cada persona, basado en la responsabilidad personal, la reconciliación y la limpieza de memorias.
Muchas de las prácticas, herramientas y enseñanzas que hoy asociamos a Ho’oponopono proceden precisamente de su labor de difusión y enseñanza.
Elegir el propósito
Antes de comenzar, dedica unos minutos a reflexionar sobre aquello que deseas limpiar o transformar.
Tradicionalmente se utilizan los siguientes colores:
Vela blanca: para trabajar la tristeza, el duelo, las pérdidas o cualquier emoción relacionada con el dolor emocional.
Vela azul clara: para limpiar la rabia, el resentimiento, los conflictos y las emociones asociadas al enfado.
Vela amarilla: para trabajar el miedo, la ansiedad, las preocupaciones excesivas y la inseguridad.
Una vez elegido el propósito y el color de la vela, mantén la misma intención durante los siete días. Si posteriormente deseas trabajar otro aspecto distinto, es preferible comenzar un nuevo ciclo.

Preparación del espacio
El ritual puede realizarse en el dormitorio o en la estancia principal de la vivienda -el lugar donde habitualmente se reúne la familia y se comparte la vida cotidiana-.
Cada tarde, al acercarse el anochecer, enciende la vela frente a ti y sitúa un vaso de agua limpia a su derecha. El agua deberá renovarse en cada sesión.
El vaso de agua ocupa un lugar importante dentro de muchas prácticas de Ho’oponopono. Algunas corrientes consideran que el agua actúa como un elemento purificador capaz de absorber y transformar determinadas cargas energéticas o emocionales.
Esta idea suele relacionarse con los conocidos trabajos del investigador japonés Masaru Emoto, quien defendía que las palabras, los pensamientos y las intenciones podían influir en la formación de cristales de agua congelada. Aunque sus conclusiones han sido objeto de debate y no cuentan con consenso científico, sus observaciones inspiraron a muchas personas a reflexionar sobre el posible impacto que nuestras palabras y emociones tienen sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno.
La parte más conocida de su trabajo son las fotografías de cristales obtenidos a partir de agua que, según sus investigaciones, había sido expuesta previamente a palabras como «amor», «gratitud» o «gracias», o a composiciones musicales como el Ave María de Schubert, frente a otras muestras expuestas a palabras negativas o sonidos considerados discordantes. Visualmente, las imágenes resultan fascinantes.
Los cristales asociados a palabras positivas aparecen como estructuras simétricas, complejas y bellas, semejantes a copos de nieve. Por el contrario, los asociados a expresiones negativas suelen mostrarse más irregulares, fragmentados o menos armoniosos.

Pero incluso si las fotografías no demostraran exactamente aquello que Emoto creía, la cuestión que plantean sigue siendo valiosa. Porque las palabras sí tienen efectos demostrados sobre las personas.
Sabemos que generan emociones, que pueden despertar alegría, tristeza, preocupación o ira; que influyen en nuestros niveles de ansiedad y estrés; que condicionan nuestra capacidad de atención y que refuerzan determinados patrones neuronales.
Quizá no sepamos con absoluta certeza si las palabras tienen la capacidad de transformar el agua de un vaso, pero sí sabemos que modifican, poco a poco, la experiencia subjetiva de quien las pronuncia y las repite.
Desde una perspectiva simbólica, el agua representa la capacidad de recibir, contener y transformar. Por ello se renueva cada día durante este ritual, acompañando el proceso de limpieza interior que buscamos realizar a través de la repetición consciente de las palabras de Ho’oponopono.
Cambiar el agua cada noche simboliza dejar marchar aquello que ya no deseamos seguir sosteniendo.
El ritual
Enciende la vela con una cerilla mientras tomas unas respiraciones profundas y conectas con tu intención.
Observa la llama durante unos instantes.
A continuación, comienza a repetir lentamente las palabras que prefieras utilizar en tu práctica:
«Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo.»
o bien
«Paz.»
o
«La Paz del Yo.»
Si durante tu práctica revives algún recuerdo doloroso, puedes decir:
«Recuerdo ancestral,
te suelto en esta llama.
Esta herida ya no me define»
Permite que las palabras fluyan suavemente, sin esfuerzo y sin expectativas. No es necesario forzar emociones ni intentar controlar los pensamientos que aparezcan. Cuando tu mente se distraiga, vuelve sencillamente a las palabras.
Permanece junto a la vela unos diez minutos, o durante el tiempo que consideres adecuado.
Al terminar la sesión, apaga la vela con un apagavelas si es que vas a usar la misma al día siguiente. Tradicionalmente se recomienda no soplarla. Puedes utilizar la misma vela durante los siete días o encender una vela nueva cada noche, según prefieras. Si la vela se apagara sola durante el proceso, la tradición recomienda añadir una noche adicional al finalizar el ciclo.
Renueva el agua cada día y, una vez terminada la sesión, deséchala por el desagüe mientras agradeces internamente el trabajo realizado.

Siete noches para crear un nuevo espacio interior
Quizá la mayor enseñanza de este ritual no resida en la vela, ni en el color elegido, ni siquiera en las palabras.
Tal vez su verdadero valor se encuentre en la constancia.
Durante siete noches consecutivas nos regalamos un espacio de silencio, presencia y atención consciente. Y a veces es precisamente en esos pequeños espacios donde comienzan las transformaciones más profundas.
Si decides realizar este ejercicio, intenta hacerlo con sencillez y sin expectativas rígidas. Ho’oponopono nos recuerda que no siempre podemos controlar lo que sucede fuera de nosotros, pero sí podemos aprender a relacionarnos de una forma diferente con aquello que vivimos.
Para saber más:
Las ideas de Masaru Emoto fueron difundidas principalmente a través de su libro Los mensajes ocultos del agua (The Hidden Messages in Water), una obra que despertó un gran interés internacional y que continúa siendo objeto de debate. Independientemente de las conclusiones que cada lector extraiga de sus investigaciones, sus trabajos invitan a reflexionar sobre la relación entre las palabras, las emociones y nuestra experiencia de la realidad.
Si este tema despierta tu curiosidad, te recomiendo leer Los mensajes ocultos del agua de Masaru Emoto y formarte tu propia opinión.
