Lo que sucede en tu mente cuando repites Ho’oponopono. Las palabras que nos repetimos también nos construyen.

Cuando repetimos una palabra, una frase o un pensamiento de manera constante, estamos activando una y otra vez determinados circuitos neuronales. El cerebro funciona siguiendo un principio muy conocido en neurociencia:

«Las neuronas que se activan juntas, se conectan juntas.»

Esta es una frase atribuida al psicólogo canadiense Donald Hebb ,y resume el concepto de plasticidad neuronal.

Imagina una persona que durante años ha mantenido pensamientos como: «No soy suficiente», «Siempre me salen mal las cosas» o «No puedo confiar en nadie»

Cada vez que esos pensamientos reaparecen, se refuerzan las mismas conexiones cerebrales. Es como caminar todos los días por el mismo sendero de un bosque: el camino se vuelve cada vez más visible y fácil de recorrer.

Cuando una persona introduce una práctica repetitiva como Ho’oponopono y repite alguna de sus palabras gatillo:

Lo siento

Perdóname

Gracias

Te amo

está interrumpiendo, aunque al principio sea sólo brevemente, su patrón habitual de pensamiento.

La repetición constante puede producir varios efectos:

Desplaza la atención

El cerebro no puede mantener con la misma intensidad dos contenidos mentales distintos al mismo tiempo.

Si alguien está rumiando una preocupación y comienza a repetir una frase sencilla, parte de su atención abandona la preocupación y se dirige a la repetición.

Esto reduce la alimentación constante del circuito de pensamiento negativo.

Debilita circuitos mentales poco saludables

La plasticidad neuronal no solo fortalece conexiones; también debilita las que dejamos de utilizar.

Si durante meses una persona alimenta menos determinados pensamientos destructivos, esos circuitos pueden perder fuerza progresivamente.

Es el equivalente mental a dejar de usar un sendero del bosque hasta que la vegetación vuelve a cubrirlo.

Genera nuevos estados emocionales

Las palabras tienen carga emocional.

No es lo mismo repetir:

«Todo va a salir mal»

que repetir:

«Gracias» o «Te amo».

La repetición frecuente de palabras asociadas al afecto, la gratitud o el perdón puede favorecer estados emocionales más calmados y receptivos.

¿Por qué precisamente estas cuatro frases?

La versión más conocida de Ho’oponopono se articula en torno a cuatro expresiones muy sencillas:

«Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo.»

A primera vista pueden parecer palabras comunes, pero cada una de ellas apunta hacia un proceso psicológico y emocional profundo.

«Lo siento» representa el reconocimiento consciente. Es el momento en el que dejamos de luchar contra lo que sentimos o vivimos y aceptamos que existe un conflicto, una herida o una emoción que requiere atención.

«Perdóname» introduce la posibilidad de liberar la culpa, el resentimiento y la necesidad de seguir sosteniendo una historia dolorosa. No implica que seamos responsables de todo lo que nos sucede, sino que nos abrimos a la reconciliación con nosotros mismos y con nuestra experiencia. Al mismo tiempo, nos anima a observar con honestidad qué parte de nuestras reacciones, creencias o hábitos podría estar contribuyendo a mantener vivo ese dolor.

«Gracias» desplaza la atención desde el problema hacia el aprendizaje. La gratitud tiene la capacidad de modificar nuestro estado interno y ayudarnos a percibir recursos, oportunidades y fortalezas que antes pasaban desapercibidos. Cuando agradecemos por adelantado estamos realizando un extraordinario ejercicio de confianza: la ayuda ya está en camino. Como bien decía Wayne Dyer, «Cuando lo creas, lo verás».

«Te amo» completa el proceso. El amor es, posiblemente, la emoción más integradora de todas. Cuando repetimos estas palabras dirigidas a nosotros mismos, a una situación o simplemente a la vida, estamos favoreciendo estados mentales asociados con la aceptación, la calma y la conexión.

Una de las interpretaciones más controvertidas de Ho’oponopono sostiene que somos responsables de todo lo que ocurre en nuestra realidad. Personalmente, considero que esta idea debe abordarse con cautela. No creo que una persona sea culpable de todas las circunstancias difíciles que atraviesa a lo largo de su vida. Sin embargo, sí afirmo que todos podemos aprender a observar qué pensamientos, emociones o patrones mentales contribuyen a prolongar nuestro sufrimiento una vez que esas circunstancias han aparecido. En ese sentido, Ho’oponopono puede convertirse en una herramienta de transformación interior, no porque transmute mágicamente los acontecimientos, sino porque modifica nuestra relación con ellos.

Desde una perspectiva neuropsicológica, la repetición constante de estas frases puede contribuir a debilitar viejos patrones de pensamiento basados en el miedo, la culpa o la preocupación, al tiempo que fortalece nuevas asociaciones relacionadas con la compasión, la gratitud y la serenidad.

Sin embargo, estas no son las únicas palabras utilizadas dentro de la tradición de Ho’oponopono. Existen otras expresiones y herramientas no tan conocidas por todos, como «Gotas de rocío», «Llave de la luz», «Papel para moscas», «Azul hielo» o «Tutti Frutti», entre muchas otras.

Cada una posee un significado particular dentro de esta práctica y merece una explicación detallada. Por ello, en futuros artículos iremos explorando algunas de estas herramientas y el simbolismo que se les atribuye, así como las posibles explicaciones psicológicas que pueden ayudarnos a comprender por qué tantas personas encuentran en ellas una ayuda para alcanzar una mayor paz interior.

Ho´oponopono actúa como una forma sencilla de meditación

Muchas prácticas contemplativas utilizan mantras precisamente por esto.

La repetición crea un punto de anclaje para la mente, reduce la dispersión y disminuye la actividad mental automática.

Desde esta perspectiva, Ho’oponopono podría entenderse como una especie de mantra moderno.

Mientras repetimos «Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo», construimos una cierta distancia entre nosotros y nuestros pensamientos habituales. Dejamos de identificarnos por completo con ellos y comenzamos a observarlos desde otra perspectiva.

El verdadero secreto de estas palabras reside en la capacidad que tienen para interrumpir, aunque solo sea durante unos instantes, los viejos diálogos internos que alimentan nuestro sufrimiento. Y es precisamente en esa pausa, en ese breve instante de silencio interior, donde muchas veces comienza la metamorfosis.

Yo misma practico Ho’oponopono desde hace años, desde que mi querida amiga Blanca me regaló el libro que me descubrió por vez primera esta poderosa herramienta de transformación personal. Trabajo mi mente tanto a través de sus palabras gatillo como de otras herramientas asociadas a esta filosofía.

Mi experiencia me ha demostrado que la constancia puede producir resultados inesperados. No siempre se modifican las circunstancias externas de la forma que imaginaríamos, pero sí se transforma nuestra manera de relacionarnos con ellas.

Con el tiempo he comprobado que, cuando nuestros patrones internos comienzan a modificarse, a menudo somos capaces de percibir posibilidades, recursos y soluciones que antes permanecían ocultos ante nuestros ojos.

Puedo dar fe de que el cambio interior termina abriendo caminos antes inexplorados, revelando soluciones nuevas a problemas que antes habríamos considerado difíciles —cuando no imposibles— de superar.

admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba