La magia del nudo (y del número siete)

¿Nudos? ¿Por qué nudos? La magia con cuerdas y cordones es una técnica asequible y a la vez muy efectiva, porque en el mismo acto con que cerramos cada lazada sujetamos nuestros deseos y los reafirmamos con fuerza para ayudar a que se cumplan.

En este ritual emplearemos hilo grueso, lazo o cordón rojo, y en él ataremos siete nudos, en forma de rosario o uno sobre otro, como prefiramos. En el rojo hallaremos la protección que precisamos para ver materializados nuestros propósitos, la energía necesaria para no decaer en el empeño, y la pasión vivificante que nos ayudará a ejecutar nuestra tarea. El color rojo se asocia al poder, y con su vibración se reactivará nuestra propia fuerza interior. Los nudos son siete por ser este el número de la espiritualidad, la conciencia, la fantasía y la creatividad, la bondad, la verdad y la inteligencia. El siete es la cifra de la transformación profunda: fue el día en que, según la Biblia, Dios descansó de su labor de creación del mundo, siete son los chacras para los hindúes y lo son también los Arcángeles, los días de la semana y los colores del arco iris, así como las jornadas que dura cada fase lunar. En el tarot el VII corresponde al arcano del Carro, que dibuja a un hombre guiando a sus caballos con valor en camino a un éxito merecido.

Puesto que usaremos el cordón a modo de pulsera en la muñeca izquierda, necesitaremos una extensión de cuerda suficiente para ello. Si escogemos atar los nudos a modo rosario la distancia entre ellos deberá calcularse de manera que queden, aproximadamente, equidistantes. Una vez pronunciada la fórmula y terminados los atados ya no podremos cortar nada, aunque quedara hilo o cuerda sobrante.

Como para cualquier otro ejercicio mágico, la preparación es imprescindible: una ducha previa, vestirnos con ropas claras y cómodas, prender una vela y un incienso, y elegir un momento calmado y sin interrupciones.

A cada nudo corresponde un verso concreto, lo pronunciaremos mientras lo atamos y dedicaremos unos instantes a repasar nuestra petición:

«Con el nudo uno, la magia atrae lo que para mí es oportuno.

Con el nudo dos, traigo a la realidad lo que decreto con mi voz.

Con el nudo tres, del derecho y del revés.

Con el nudo cuatro, mis deseos ato.

Con el nudo cinco, invoco con ahínco.

Con el nudo seis, sólo bien me causéis.

Con el nudo siete, la felicidad y la abundancia se me prometen.»

Llegado este punto, dejaremos la pulsera en la mesa el tiempo que tarden en prender del todo el incienso y la vela, y entonces estará lista para el trabajo que le hayamos encomendado. Puesto que el ritual lo habremos hecho en solitario, aguardaremos hasta el momento en que alguien a quien apreciemos, y que nos quiera bien, la cierre definitivamente alrededor de nuestra muñeca izquierda. No desataremos ni romperemos la pulsera, ha de ser ella quien se deshaga o desprenda en el momento oportuno.

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